Hace unos meses, recibí un e-mail de Elena Rius donde me
explicaba que, junto a José C. Vales,
habían organizado la Arnold Bennett
Bloggers Assembly, una puesta en común sobre Arnold Bennett, un autor
británico de finales del siglo XIX y principios del XX, muy famoso en Gran
Bretaña pero completamente desconocido aquí. Era un autor al que tenía desde
hace tiempo en cartera así que no dudé ni un minuto en unirme a la
propuesta.
Lo primero que hice fue buscar en la web de Biblioteques de
Barcelona, ver cuáles de sus obras podía sacar de la biblioteca y qué era
imposible de encontrar. Lo cierto es que, algo que ya me habían advertido,
Bennett cuenta con muy pocas obras traducidas al castellano y una gran parte de
estas se publicaron en la primera mitad del siglo XX. Así que vi una oportunidad
para leer alguna cosa suya en inglés, a pesar de qué sabía que habría alguna de
sus obras que leería en castellano.
Durante estas semanas que llevo
preparándome para la cita, le he cogido el gusto y no he podido resistir a
leerme tres de sus obras. Bueno, con dos todavía estoy en proceso pero en esta
Semana Santa les daré un buen empujón.
La primera entrada que le voy a
dedicar a Arnold Bennett viene motivada por el primer libro suyo que leí, Cómo
vivir con veinticuatro horas al día, un pequeño ensayo lleno de ironía sobre
nuestro tiempo y a que podemos dedicarlo si queremos aprovecharlo al máximo, en
el sentido más amplio de la palabra.
Bennett fue periodista antes de
dedicarse a la novela y muchas de sus obras "ensayísticas" beben de esas
fuentes. En parte, se parece a este tipo de artículos de las revistas como
"Pierda 5 kilos en siete sencillos pasos" pero, por supuesto, con una manera más
divertida de enfocar el asunto.
Desde un primer momento, se dirige a
nosotros, a todos aquellos que sabemos que estamos desperdiciando nuestro tiempo
y que querríamos hacer más. Eso sí, todos los que encontráis que estáis
perfectamente satisfechos con vuestro tiempo y sabéis lo que hacéis, ni se os
ocurra seguir sus consejos. Eso sí, dejad nombre y dirección, que Bennett, en su
postmortem, debe querer conoceros.
Algo que me ha gustado muchísimo de
Bennett es su interés por la lectura, el arte, la música y por los consejos que
nos da para que aquellos que no están iniciados en ninguna de estas artes,
pierdan el miedo a adentrarse en ellas. Uno de los capítulos se titula "Nada
es aburrido", algo con lo que estoy muy de acuerdo y él mismo se esfuerza en
darnos ejemplos. Por ejemplo: si te gusta la naturaleza y el coleccionar
insectos, ¿por qué no te acercas a la farola más cercana con un cazamariposas?
Allí tienes fauna de sobras.
Por cierto, Bennett tiene una gran debilidad
por recomendarnos lecturas, a lo que dedica un capítulo entero pero como otra de
mis lecturas habla de ello, os lo comentaré más extensamente en la siguiente
entrada. Quizá esta entrada es la que resulte más formal y aburrida así que en
las próximas voy a soltarme el pelo. Avisados estáis.
"Recientemente,
en un diario, se ha armado un buen revuelo alrededor de la cuestión de si una
mujer puede vivir decentemente en este país con ochenta y cinco libras al año.
He visto un ensayo titulado Cómo vivir con ocho chelines a la semana, pero nunca
he visto un ensayo titulado Cómo vivir con veinticuatro horas al día. Y eso que
se dice que "el tiempo es oro". La sentencia se queda corta. El tiempo es más
que oro. Si tienes tiempo, normalmente puedes conseguir dinero. Pero aunque
estés más forrado que los guardarropas del Carlton, no puedes comprarte ni un
minuto más del tiempo del que tengo yo o tiene el gato amodorrado a la
lumbre."
http://fotografiandopies.blogspot.com.es
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Arnold Bennett y el sistema de filosofía práctica, por Las luciérnagas no usan pilas
Apenas queremos empezar a hablar de Arnold Bennett, y enseguida surge -como
dama justiciera- la figura de Virginia Woolf, declarando -poco menos- que los
personajes de Bennett son como muñecos vacíos, antiguos y carentes de todo
interés para la nueva literatura. El autor de Cuento de viejas, como E.
M. Forster y otros epígonos victorianos, también era consciente del cambio de
rumbo que se estaba produciendo en la literatura inglesa y universal. Y es
cierto que estos autores revelan una especie de desconcierto ante el mundo que
se abre ante ellos y, desde luego, una suerte de estupefacción incrédula ante la
tremenda carnicería de la Primera Guerra Mundial. Los jóvenes literatos,
dispuestos a esgrimir la cachiporra de la vanguardia para acabar con los
"antiguos", no tardaron en dejar claras sus intenciones. Virginia Woolf, sobre
todo, recriminó a Bennett que sus personajes no tuvieran vida o, más bien, que
la vida que le interesaba a Bennett ya no le interesaba al arte literario
moderno: "¿No será acaso que la vida ya no es como nos la presentan?". La propia
Woolf, por contraposición seguramente a su literatura emocional, o psicológica o
espiritual, califica la novelística bennettiana como "materialista". En opinión
de Woolf, los personajes de Bennett llevan una vida atareada, van de un lado a
otro, conversan, tienen preocupaciones, etcétera... "pero seguimos sin saber
cómo viven o para qué viven". Digamos que... les falta un poco de la
superabundante vida interior que rebosa en los personajes de Virginia Woolf.
¿Significa eso que los personajes de Bennett están "huecos"? Bueno, al menos
no están "llenos" de lo que a Virginia Woolf le interesaba. Los personajes de
Bennett no sufren las angustias de los personajes de Woolf, eso es evidente. Y
ello se debe a que tanto ellos como su autor procedían de un mundo en el que
bullía una "mentalidad" diferente. (Utilizo aquí 'mentalidad' en el sentido de
estructuras de ideas propias de un período histórico, tal y como se definen en
la disciplina de la Historia de las Ideas). Y no se trata únicamente de una
mentalidad "realista" ni de una opción literaria que aboque al autor a levantar
un monumento quasirreal, como señalaba Henry James, porque en Bennett también
hay toda una herencia de la literatura victoriana tardía, relacionada con la
literatura "sensacional" o con los emocionantes folletines de algunas décadas
anteriores. Y, sobre todo, en Bennett se aprecia la decisión de centrar
la mirada literaria en un aspecto fundamental del pensamiento británico: el
espíritu práctico. Quienes hayan disfrutado con la novelística de Jane Austen
saben a qué me refiero, y también sabrán que es una herencia de sus
predecesores, muy interesados en esa parte tan escasamente romántica que poseen
los británicos y que les obliga a considerar los "aspectos financieros" de la
existencia, tanto en las relaciones sociales, como en las familiares o las
sentimentales.
En algunas de sus novelas Arnold Bennett llama a esta mentalidad "Sistema de
Filosofía Práctica" (System of Practical Philosophy). Dicho sistema no se ocupa
de las emociones, los sentimientos, las amarguras, las dudas existenciales, los
traumas psicológicos o los éxtasis artísticos; se ocupa, más bien, de los
trabajos domésticos, del aspecto de las personas, de las relaciones humanas, del
dinero del banco, de la reputación social, de los perros de la casa, de las
vacaciones o del periódico del día. No es que haya una mirada distinta al mundo:
¡es que simplemente se miran otras cosas!
Teniendo esto en cuenta, no resulta extraño que la literatura de Arnold Bennett parezca un monumento a la quasirrealidad. De acuerdo: a los personajes no les suceden cosas espantosas ni terribles, ni tienen una vida interior desequilibrada, tortuosa o enloquecida... simplemente están ahí, y viven en un mundo aparentemente anodino y vulgar. Lo asombroso es que Arnold Bennett consigue que la vida arreglada conforme al Sistema de Filosofía Práctica resulte simplemente deslumbrante. Él lo llamaba "el milagro cotidiano".
Teniendo esto en cuenta, no resulta extraño que la literatura de Arnold Bennett parezca un monumento a la quasirrealidad. De acuerdo: a los personajes no les suceden cosas espantosas ni terribles, ni tienen una vida interior desequilibrada, tortuosa o enloquecida... simplemente están ahí, y viven en un mundo aparentemente anodino y vulgar. Lo asombroso es que Arnold Bennett consigue que la vida arreglada conforme al Sistema de Filosofía Práctica resulte simplemente deslumbrante. Él lo llamaba "el milagro cotidiano".
Dada la pasión que Bennett sentía por la vida anodina, irrelevante, común y
vulgar, no resulta extraño que redactara algún manual de vida cotidiana. En
Cómo vivir con veinticuatro horas al día, Bennett propone a sus
lectores adquirir la conciencia del milagro que representa vivir. En "El milagro
cotidiano" revela a las claras que disponemos de 24 horas al día y que
malgastarlas sería aún más estúpido que malgastar el dinero o los bienes de que
dispongamos.
¿Quién de nosotros vive con veinticuatro horas al día? Y, cuando digo "vive" no digo "existe" ni digo "pasa por ahí". [...] Nunca tendremos más tiempo. Tenemos, siempre hemos tenido, todo el tiempo que hay. La intuición de esta profunda y poco conocida verdad (cuyo descubrimiento, por cierto, no me atribuyo) me ha llevado a emprender un minucioso examen de los dispendios diarios de tiempo.
Cómo vivir con veinticuatro horas al día no es sólo un opúsculo divertidísimo. Es también un verdadero tratado del Sistema de Filosofía Práctica de Bennett. (Por otro lado, está maravillosamente escrito y el lector puede disfrutar del finísimo sentido del humor del autor al tiempo que descubre prismas nuevos desde los que observar el mundo). Para vivir, parece decirnos Bennett, hay que esforzarse. Disfrutar de la vida también requiere un esfuerzo y, bien mirado, "nada es aburrido". El mundo ofrece tal cantidad de asuntos que parece asombroso que haya quien se aburra...
¿Por qué no sales de casa, en zapatillas, y te acercas a la farola más cercana con una red de mariposas? Verás que fauna de polillas comunes y no tan comunes revolotea por allí...
Y más adelante:
No hace falta dedicarse al arte o a la literatura para vivir en plenitud. Todo el panorama de escenas y costumbres diarias se presta a satisfacer esa curiosidad que llamamos vivir.
Seguramente no es necesario ir más allá. Buena parte de la obra de Arnold Bennett (al menos su obra más representativa) tiene como fundamento el asombro ante esas escenas y esas costumbres diarias y cotidianas. El sistema de filosofía práctica que mueve el mundo: la compraventa, los matrimonios, las amistades, los negocios, los hoteles, los periódicos, la bolsa, el arte, los viajes...
Virginia Woolf se asombraba de lo que bullía en su cabeza y en la de James Joyce; Arnold Bennett se asombraba ante los sucesos en una mercería, en un hotel, en una calle de Putney, en una pensión parisina o en un espectáculo público.
Ni siquiera tenía sentido la disputa literaria: vivían en mundos diferentes.
[Si quieres leer otros artículos y otras opiniones sobre Arnold Bennett, puedes visitar la Arnold Bennett Bloggers Assembly En esta página encontrarás un listado de blogs que han participado en este encuentro literario sobre Arnold Bennett]
http://www.josecvales.com/blog/
¿Quién de nosotros vive con veinticuatro horas al día? Y, cuando digo "vive" no digo "existe" ni digo "pasa por ahí". [...] Nunca tendremos más tiempo. Tenemos, siempre hemos tenido, todo el tiempo que hay. La intuición de esta profunda y poco conocida verdad (cuyo descubrimiento, por cierto, no me atribuyo) me ha llevado a emprender un minucioso examen de los dispendios diarios de tiempo.
Cómo vivir con veinticuatro horas al día no es sólo un opúsculo divertidísimo. Es también un verdadero tratado del Sistema de Filosofía Práctica de Bennett. (Por otro lado, está maravillosamente escrito y el lector puede disfrutar del finísimo sentido del humor del autor al tiempo que descubre prismas nuevos desde los que observar el mundo). Para vivir, parece decirnos Bennett, hay que esforzarse. Disfrutar de la vida también requiere un esfuerzo y, bien mirado, "nada es aburrido". El mundo ofrece tal cantidad de asuntos que parece asombroso que haya quien se aburra...
¿Por qué no sales de casa, en zapatillas, y te acercas a la farola más cercana con una red de mariposas? Verás que fauna de polillas comunes y no tan comunes revolotea por allí...
Y más adelante:
No hace falta dedicarse al arte o a la literatura para vivir en plenitud. Todo el panorama de escenas y costumbres diarias se presta a satisfacer esa curiosidad que llamamos vivir.
Seguramente no es necesario ir más allá. Buena parte de la obra de Arnold Bennett (al menos su obra más representativa) tiene como fundamento el asombro ante esas escenas y esas costumbres diarias y cotidianas. El sistema de filosofía práctica que mueve el mundo: la compraventa, los matrimonios, las amistades, los negocios, los hoteles, los periódicos, la bolsa, el arte, los viajes...
Virginia Woolf se asombraba de lo que bullía en su cabeza y en la de James Joyce; Arnold Bennett se asombraba ante los sucesos en una mercería, en un hotel, en una calle de Putney, en una pensión parisina o en un espectáculo público.
Ni siquiera tenía sentido la disputa literaria: vivían en mundos diferentes.
[Si quieres leer otros artículos y otras opiniones sobre Arnold Bennett, puedes visitar la Arnold Bennett Bloggers Assembly En esta página encontrarás un listado de blogs que han participado en este encuentro literario sobre Arnold Bennett]
Arnold Bennett y los clásicos, por Notas para lectores curiosos
![]() |
| Arnold Bennett, retrato de William Rothenstein |
Arnold Bennett (1867-1931) fue un hombre de orígenes humildes, "hecho a sí mismo", epítome de los valores eduardianos de laboriosidad, tenacidad y afán de mejora. (No señores, no todos los valores de esa era están caducos; sin ir más lejos, esta ética de la superación, del enriquecimiento moral, nos haría mucha falta hoy.) Además de ser un prolífico autor de novelas, relatos, obras teatrales e incluso una ópera, escribió innumerables artículos y opúsculos que tenían como finalidad la "educación del hombre común": sí, aspiraba a mejorar las vidas de sus semejantes. Uno de los mejores ejemplos lo encontramos en su encantador librito Cómo vivir con 24 horas al día, cuya lectura recomiendo (además, es de las pocas obras de Bennett que están disponibles en español hoy). Escribió asimismo un breve tratado con el maravilloso título de Literary Taste: How to form it, with detailed instructions for collecting a complete library of English Literature. [El gusto literario: cómo formarlo, con instrucciones detalladas para coleccionar una biblioteca completa de literatura inglesa]. Ciertamente, Bennett -fiel a lo que promete en el título- da una lista completa (exactamente 335 títulos) de cuáles podrían ser esos volúmenes, incluyendo no sólo los datos de la edición, sino incluso ¡el precio! Cuestión de demostrar que, con una inversión modesta, era posible hacerse con una completísima biblioteca. Pero, más allá de esta anécdota, lo que me ha fascinado de este texto es la gran pasión que rezuman sus páginas por la literatura y, en concreto, por los clásicos. Décadas antes de que Calvino publicase su archiconocido Por qué leer los clásicos, Arnold Bennett ya había dado todas las razones de peso para hacerlo. Empezando por la que para mí es fundamental, y que él enuncia nada más comenzar: "La literatura, lejos de ser un accesorio, es el sine qua non fundamental de una vida completa". ¿Qué es lo que le ha llevado a escribir su tratado? Nada menos que su afán de iniciar en los goces de la literatura a aquellos que aún no los han descubierto:
Lo que más molesta a la
gente que conoce la verdadera función de la literatura, y que se han
beneficiado de ella, es el espectáculo de tantos miles de individuos que van por
ahí creyendo que están vivos cuando, de hecho, no se hallan más cerca de estar
vivos de lo que lo está un oso en invierno.
Sólo la literatura nos hace vivir plenamente.
¿Algún bibliómano se lo discutiría? Y dentro de la literatura, Bennett
reivindica ante todo el placer de leer a los clásicos. No para "mejorarse a uno
mismo", no por afán didáctico -que, como apunta, es precisamente lo que aleja a
la gente de ellos-, sino para disfrutarlos. Para ello, reconoce, es necesario
cierto entrenamiento. Pero el entrenamiento que recomienda Bennett no es el que
se imparte en los aburridos cursos escolares. Nada de eso. De entrada,
recomienda no preocuparse de "la literatura en abstracto, de las teorías sobre
la literatura. Ve a por ella. Agarra la literatura por el cuello como un perro
agarra un hueso (...) No importa por dónde empieces. Empieza donde más te
apetezca. La literatura es un todo". Todo este breve, pero enjundioso, librito
esta lleno de frases que cualquier apasionado de los libros grabaría con gusto
en piedra:
No existes para honrar a
la literatura convirtiéndote en una enciclopedia literaria. La literatura existe
para servirte a ti.
La literatura tiene desde luego una función menor, la de hacernos pasar el tiempo de manera agradable e inocua, proporcionándonos un leve placer pasajero. Grandes multitudes de personas (entre las cuales se encuentra más de un lector habitual) emplean únicamente esta función menor; su actitud implica que la clasifican entre el golf, el bridge o los soporíferos. (...) Pero tú no eres de esos que leen sólo porque el reloj marca las nueve y uno no se va a la cama antes de las once. Estás animado por un auténtico deseo de sacar de la literatura todo lo que ésta pueda darte.
En resumen, un tratado lleno de amor por los
libros y sensatas recomendaciones para disfrutar de ellos, todo ello revestido
de la habitual bonhommie de este autor y de singulares ramalazos de
humor. Un texto que a mí me inspira admiración y ternura a partes iguales. Como
el propio Bennett, por otra parte.
[Esta entrada constituye mi aportación a la Arnold Bennett
Bloggers Assembly, un encuentro bloguero dedicado a rememorar la figura de
este autor británico. Encontrarán más información al respecto en la página
dedicada a esta iniciativa.]
Bennett; el otro, el mismo, por Meliora latent
Como siempre llego tarde porque dejo todo para último momento. Así que mi compromiso con la Arnold Bennett Blogers Assembly se me pasó como dos días.
Sin darle más vueltas a la cosa y para que quede al menos registro de que soy poco confiable pero no completamente irresponsable... quiero hacer un breve comentario sobre la novela Buried Alive o Enterrado en vida según la traducción castellana.
En Argentina es casi la única novela traducida que se consigue en ediciones más o menos actuales. No han llegado las nuevas traducciones españolas de Cuento deviejas de 2011, ni ese ensayo tan particular que promete ser Cómo vivir con 24 horas al día y encargar libros a vendedores extranjeros se ha convertido no ya solamente en algo carísimo sino prácticamente imposible por nuestras restricciones cambiarias. Gracias a Dios existen los ebooks; y las obras de Bennett en inglés puedo leerlas bastante bien en mi kindle, a pesar de mis limitaciones lingüísticas.Pero esta vez quiero, antes que nada, comentar unos asuntos externos que resuenan curiosamente en el meollo de Enterrado en vida.
Esta novela trata de un hombre tan tímido que prefiere dejar creer al mundo que ha muerto antes que contradecir a quien lo ha confundido con su mayordomo. Para acentuar más el embrollo de identidades, el asunto es que el protagonista era un pintor famoso que había revolucionado los círculos artísticos de Europa y vendía sus obras a precios altísimos, pero nadie conocía más que su nombre y sus obras: era un misterio oculto al que no se le conocía la cara. Así las cosas, nadie se da cuenta del error en que se embarca el país entero cuando homenajea a otro –al cadáver de otro– como a su mayor artista y el nombre, Priam Farll, resuena en todo Londres como sinónimo del merecido orgullo nacional en el campo de las artes.
La novela tiene muchos más vericuetos y en especial un personaje fantástico, como la inigualable Alice, una viuda sensata y pragmática que el protagonista tiene la suerte de encontrar por otro impulso e intercambio de identidades y quien lo guiará a su nueva vida de hombre común, modesto, tranquilo y alejado del mundo sofisticado en el que se movía antes, cuando era Priam Farll, el gran pintor aristocrático.
Decía que en Argentina este libro se encuentra en muchos vendedores de viejo. Y esto es así porque salió en la famosa colección “Jorge Luis Borges – Biblioteca Personal”. Esos libros negros de tapa dura y letras en dorado que editó Hyspamérica a mitad de los ’80. Son unas cien obras elegidas por Borges como una suerte de testamento de lector.
“No sé si soy un buen escritor; creo ser un excelente lector o, en todo caso, un sensible y agradecido lector. Deseo que esta biblioteca sea tan diversa como la saciada curiosidad que me ha inducido, y sigue induciéndome, a la exploración de tantos lenguajes y de tantas literaturas.”
Dice Borges en la página de presentación de la colección que acompaña todos sus volúmenes.
Dice Borges en la página de presentación de la colección que acompaña todos sus volúmenes.
No me parece extraño que entre las novelas de Bennett, Borges haya elegido ésta. Y no sólo porque despliega una fina ironía inglesa, sino especialmente porque desarrolla el tema del otro o del doble al que tantas vueltas le dio él en sus obras.Pero sin embargo, sí es un poco un misterio por qué Borges habrá elegido a Bennett en su limitada colección. A diferencia de otros autores de esta "Biblioteca Personal", muchas veces mencionados en todos sus años de comentarios y reseñas literarias, no encuentro que haya hablado de Bennett antes, e incluso, no parece haber sido un autor conocido entre nosotros.
Vale la pena transcribir el breve prólogo que escribió Borges para Enterrado en vida:
Enoch Arnold Bennett (1867-1931) se consideraba un discípulo de Flaubert, pero no pocas veces fue algo menos severo y más agradable: un buen heredero de Dickens. Nos ha legado tres largas novelas hoy clásicas: The Old Wives’s Tale (1908), Clayhanger (1910) y Riceyman Steps (1923), que indudablemente son obras maestras, de lectura intensa y conmovedora. En su Historia de la literatura inglesa, obra curiosamente parca en elogios, George Sampson lo juzga genial, pero este epíteto sugiere violencias y altibajos que son del todo ajenos a Bennett y a su estilo sereno, que pasa inadvertido como el cristal. Bennett se entregó a la literatura con una suerte de entusiasmo tranquilo. A diferencia de H.G. Wells, de quien era amigo íntimo, nunca permitió que sus opiniones intervinieran en su obra.
Enterrado en vida data de 1908. Su héroe, Priam Farll, que manda a la exposición anual de la Royal Academy un cuadro con un vigilante y, al año siguiente, otro con un pingüino es un tímido; la historia entera, con todas sus luces y sus sombras, surge de un solo acto de timidez. La crítica la juzga la mejor de las comedias domésticas de Arnold Bennett, pero esa abstracta definición, acaso irrefutable, nada nos dice de las muchas felicidades y de las muchas sorpresas que en este libro nos aguardan.
Arnold Bennett fue uno de los primeros que reconocieron a William Butler Yeats. Escribió “Yeats es uno de los grandes poetas de nuestra era, porque media docena de lectores sabemos que lo es.”
Tan poco conocido era Arnold Bennett para 1985, cuando se publicó el volumen, que la editorial tomó una decisión curiosa y que lo haría pasar aún más desapercibido entre nosotros, tal vez: como se ve en la tapa, eligió tomar el nombre que Bennett casi no usaba y lo llamó Enoch A. Bennett...
Borges murió al año siguiente sin haber completado los prólogos de todos los títulos de la colección. ¿Se habrá enterado de este error o nunca lo supo? ¿O acaso podría haberse divertido con semejante confusión de identidades tan adecuada para esta historia? No lo sabremos, pero lo cierto es que cuando se recopilaron los prólogos de Borges a esta colección nadie subsanó el error y se mantiene ahora nuestro autor como “Enoch A. Bennett”. A medias desconocido o confundido con otro, como Priam Farll.
Arnold Bennett-Piccadilly, por En Barcelona...
Which of us lives on twenty-four hours a day? And when I say "lives," I do not mean exists, nor "muddles through." Which of us is free from that uneasy feeling that the "great spending departments" of his daily life are not managed as they ought to be? Which of us is quite sure that his fine suit is not surmounted by a shameful hat, or that in attending to the crockery he has forgotten the quality of the food?
Which of us is not saying to himself--which of us has not been saying to himself all his life: "I shall alter that when I have a little more time"?
We never shall have any more time. We have, and we have always had, all the time there is.
~ Arnold Bennett, How to Live on 24 Hours a Day (Cómo vivir con veinticuatro horas al día)
Hace unos meses recibí un correo electrónico de la siempre dinámica Elena Rius en el que me invitaba a participar en la Arnold Bennett Bloggers Assembly, que tendría lugar allá por marzo. Como siempre, porque una es vaga por defecto y por instinto, lo primero que pensé fue en decir que no, en aludir a la falta de tiempo. Por eso ya sé que hay que dejar madurar un poco estas sugerencias, porque al final el interés por la lectura siempre pesa más, por suerte. Dije sí con mucho gusto (porque es difícil decirle que no a Elena Rius) y pensé que total, para marzo faltaban siglos.En mi cabeza, que últimamente entiende el concepto de calendario y tiempo pero no parece procesarlo, a finales de febrero seguían faltando siglos para el 27 de marzo. "Aún hay tiempo de sobra para lo de Arnold Bennett". Menos mal que Manuel sí que comprende el concepto de calendario y, como yo le había propuesto ver Piccadilly, la película muda cuyo guión es de Arnold Bennett, me sentó a verla a un tiempo prudencial para que me diera tiempo a escribir esto con calma. Si fuera por mí sola sería un cliché andante de lo que el mismísimo señor Bennett decía al comienzo de esta entrada. Así que lo primero que hago es darles las gracias a Elena Rius, a Manuel y al señor Arnold Bennett por tenerme aquí escribiendo esto (suena como si lo dijera con sorna, pero no es así).

Un viernes por la noche nos sentábamos a ver Piccadilly, una película muda de 1929. Y yo comía pipas porque era eso o la garantía de quedarme dormida a pesar de lo bien o mal que pudiera estar la película en sí. Comí pipas hasta hartarme y cuando me harté comí helado hasta que se acabó la película, lo confieso.
Manuel es un entusiasta del cine mudo que se reía de mí diciendo que sería, ¿qué, la cuarta película muda que yo veía en la vida? Después de aclarar si las películas familiares con tomavistas contaban y, como al parecer no, dije que entonces debía de ser la quinta, puesto que las sesiones de proyección de películas familiares siempre solían incluir una de Charlot (que se iba reduciendo, puesto que era el conejillo de indias para comprobar que el proyector funcionaba bien y no tenía el día de romper rollos de celuloide. Todo muy analógico, me siento como hubiera podido actuar de extra en Piccadilly en 1929, pero hablo de finales de los años ochenta y principios de los noventa). Él está curtido y las disfruta, pero yo comentaba al principio que el cine de mudo es muy difícil de ver. No sólo no te permite estar algo distraído con el fin de no quedarte frito, sino que es un lenguaje cinematográfico totalmente diferente. Es difícil saber si una película muda te ha gustado o no, porque no la puedes juzgar en base a nada de lo que conoces (salvo que conozcas bien el cine mudo, obviamente).
En 1929, el cine mudo ya tenía sentencia de muerte firmada por el cine sonoro. En 1929, el cine mudo ya no era tan rudimentario como parece que siempre suena. De hecho, Piccadilly es curiosa porque cada ambiente está tintado de un color, cosa que yo no había visto ni imaginado en mis cinco películas mudas anteriores pero que me pareció una idea llamativa.
Además, la película me pareció curiosa por tener como protagonista a una chica de aspecto asiático que no es otra que para los entendidos la nada desconocida Anna May Wong, en realidad americana. Harta de estar encasillada debido a su aspecto, Piccadilly forma parte de unas cuantas películas que rodó en Europa con la intención de diversificarse. Y de hecho Piccadilly fue su última película muda. Desconozco si cumplió su objetivo europeo, pero en Piccadilly de nuevo la censura puso cortapisas a un beso entre una asiática y un blanco. Por suerte hay una especie de justicia poética - que será muy poética pero siempre se hace esperar - en todo esto, tanto para Arnold Bennett como para Anna May Wong: después de años de estar perdida en el olvido, el British Film Institute la restauró y con ella también la reputación de la actriz. Hay quien considera Piccadilly la mejor película de su carrera.
Por otra parte, ¿alguien viendo esta imagen afirmaría sin dudarlo que es 1929? Anna May Wong nos sorprendió por algo que no sé si llamar modernidad o atemporalidad, pero que desde luego no es la idea que tengo de 1929:
Por lo que comentaba más arriba del lenguaje diferente y demás, resumir una película muda tiende a resultar muy simplón, pero ya que se trata de homenajear al autor del guión, Arnold Bennett, comentaré que cuenta la historia de una sala de noche donde baila una pareja estrella. El hombre decide emigrar a buscar suerte en América (el recorrido opuesto a Wong) y, pese a su ambición y su orgullo, la bailarina en solitario no tiene tanto tirón, a pesar de contar con el respaldo personal y amoroso del encargado. Mientras tanto, el encargado despide a una trabajadora de la cocina, Anna May Wong que tiene el poco agraciado nombre ficticio de Shosho, por bailar en sus horas de trabajo en la cocina. Otra de las trabajadoras, con más visión que el encargado, le pide que le dé una oportunidad sobre el escenario. Y, por supuesto, la bailarina asiática conquista al público, a la crítica y al encargado mismo, para horror de la bailarina local.
Es una historia que choca con muchos límites, sobre todo si se tiene en cuenta la época. Los límites que los, en este caso, ingleses, están dispuestos a marcar y a ceder (al final visto el hecho de que la censura cortó un beso entre inglés y asiática, la propia película y su proyección en la realidad están muy próximas), los límites que la comunidad asiática está dispuesta a flexibilizar, los límites profesionales, personales y sociales, etc. Son todos estos límites los que encuadran la historia a modo de cuerdas tensadas. Y está claro que la cosa no puede acabar bien. ¿Pero cuál es la cuerda que termina por romperse?
En fin, una película curiosa, no sólo por la propia historia de Arnold Bennett, sino por la historia que la acompaña.
Arnold Bennett, a juzgar por su obra en su página de la wikipedia, hacía caso de sus consejos y era un autor prolífico (¡pero si tiene hasta una ópera!), de modo que Manuel, que si no es completista no es nada, aprovechó para indagar acerca de las adaptaciones de su obra. Hay bastantes pero, por desgracia, muchas o son inencontrables o se sabe que están perdidas. De momento hemos visto His Double Life (de 1933), basada en su novela Buried Alive, y que es graciosa y agobiante a partes iguales. Y nos quedan Holy Matrimony (1943), basada de nuevo en Buried Alive, y The Promoter/The Card (1952, con Alec Guinness) Pero estas, al sólo estar basadas en su obra parecen menos relevantes que Piccadilly, con guión propio.
No puedo acabar sin darles de nuevo las gracias a los organizadores de este encuentro alrededor de la figura de Arnold Bennett por invitarme tanto a participar como, más importante aun, a conocer más acerca de este autor (etc.) que hasta hace unos meses no era más que un nombre remoto.
http://93bcn.blogspot.com.es/
De cómo Arnold Bennett sobrevivió al tiempo, por El niño vampiro lee
Como buen licenciado en filología
inglesa, jamás había oído hablar de Arnold Bennett. Por eso, cuando Elena me
invitó a participar en el Arnold Bennett Bloggers Assembly, pensé que se había hecho un
lío y que había confundido Matthew Arnold con Alan Bennett. No tardé en salir de
mi habitual inopia y descubrir que Bennett fue, en su día, el escritor más
famoso del mundo (BBC dixit). Y sin embargo, tras haber leído tres de sus obras
(breves ensayos tan sencillos como interesantes), no dejo de tener la sensación
de que Bennett no encajó del todo en su época. O quizá sí, y donde no encajó fue
en la literatura de su época. Que no es lo mismo.
Pero empecemos, por
qué no, por el retrato del hombre a quien tantos acabamos, como quien dice, de
descubrir.
El gesto de las manos, así como los
hombros ligeramente alzados en una postura un tanto forzada, nos muestran a un
hombre que quiere estar orgulloso de lo que ha conseguido. El rostro, sin
embargo, me revela a alguien que no acaba de tomarse demasiado en serio, como si
esa mejilla derecha, que en casi todas las fotos aparece levemente inflamada,
ocultara una postura "tongue in cheek", es decir, de broma. Bien pudiera
ser que, apasionado lector como era de Marco Aurelio, a la hora de posar fuera
consciente de que "un instante más, y habrás olvidado todo; otro, y todos te
habrán olvidado". Así, el conjunto parece decir "me olvidarán por mucho tiempo,
sí, pero un día, no tan lejano, un admirable grupo de blogueros organizarán un
encuentro para homenajearme."
Y cuánta razón tenía. Porque vaya si
cayó en el olvido. Y el homenaje ya rueda.
Bennett era, para qué negarlo, un
hombre chapado a la antigua (intentemos olvidar por un momento las connotaciones
negativas de la expresión), por lo menos en lo que respecta a la literatura. De
ello lo acusaba Virginia Woolf, que lo definía como uno de "la vieja guardia" (y
qué cercanas nos parecen esas rencillas y descalificaciones, ¿verdad?). Y la
verdad es que, atendiendo a las recomendaciones de Bennett en su El gusto
literario: cómo formarlo, uno entiende de dónde venía el término con que
doña Virginia se refería a Bennett. Aquí lo tenemos dirigiéndose a lector (en mi
traducción):
Sólo tiene usted una restricción.
Debe empezar con un reconocido clásico y evitar las obras
modernas.
No obstante, continúa:
El motivo de ello no implica un menosprecio de la época actual en beneficio de los tiempos pasados. De hecho, es importante, si en última instancia desea adquirir un gusto amplio y católico, prevenirse contra la opinión, demasiado extendida, de que nada moderno llegará jamás a ser comparable a los clásicos.
No obstante, continúa:
El motivo de ello no implica un menosprecio de la época actual en beneficio de los tiempos pasados. De hecho, es importante, si en última instancia desea adquirir un gusto amplio y católico, prevenirse contra la opinión, demasiado extendida, de que nada moderno llegará jamás a ser comparable a los clásicos.
A modo de observación, señalaré que
uno nunca deja de aprender la lengua inglesa, y descubre que "catholic", aparte
de papista, significa, referido a una persona, "de amplios gustos e
intereses".
A continuación recomienda a sus
aspirantes a lectores con gusto que empiecen a formarse el mismo con poesía
narrativa, en concreto con Aurora Leigh, de Elizabeth Barrett Browning,
ya que, aduce, es una novela "mejor que cualquiera de las escritas por Charlotte
Brontë o George Eliot". Bennett era un hombre de juicios contundentes.
Elizabeth Barrett Browning
Aparte de no ser del gusto de la
Woolf, Bennett no acababa de apreciar una obra tan (aparentemente) demoledora
para todo aquel mundo clásico como fue el Ulysses de Joyce, del que, pese
a apreciar algunos de sus fragmentos, dijo que cualquiera podría escribir
sobre:
"el día más diario posible", si se
contaba con "suficiente tiempo, papel, capricho infantil y obstinación".
Para ser justos, hubo quien las dijo
mayores sobre Ulysses.
Y así, intentando adoptar el estilo de nuestro homenajeado, creo haberle demostrado, apreciado lector, que no había un ápice de exageración en mi anterior afirmación al respecto de la antigüedad de la chapa de Mr Bennett. Y a estas alturas, '¿Cómo?', estará usted preguntándose sin duda, '¿acaso está usted criticando al autor que, según nos habían conducido a pensar, había de recomendarnos encarecidamente?' Y su impaciencia ante tamaña aparente contradicción estará perfectamente justificada. Pues es de rigor admitir que quizá debiera haber comenzado advirtiendo que en esa chapa tan antigua precisamente radica todo el encanto y una parte nada despreciable del valor literario del señor Bennett. De todos es sabido que 'anticuado' y 'clásico' son dos caras de la misma moneda, y nuestro héroe parece así ofrecer una de ellas a Mrs Woolf y su nueva guardia, y otra al lector contemporáneo.
Epícteto, autor de cabecera de
Bennett
Efetivamente, el estilo de Bennett, quizá debido a la "convicción de su clasicismo" se revela hoy irresistiblemente moderno. Se trata de un estilo victorianamente refinado, bajo el que es evidente un tono sincero a la vez que irónico, que no deja de recordarnos a su admirado Thomas de Quincey, incluido, cómo no, en su lista de "Escritores en prosa: no imaginativos" (es decir, no ficción), imprescindibles para formarse un buen gusto literario. Uno se pregunta, no obstante, cuáles serían los motivos para omitir de esa lista, "creo que justificadamente", a Oscar Wilde, y relegarlo al nivel de Richard Jebb, Stirling Maxwell o P.G.Hamerton. Cuánta razón tiene Bennett en La máquina humana al achacar a la pasión la mayor parte de los errores del ser humano.
La pasión (el corazón) es responsable de todos los crímenes.
Porque es sin duda la pasión por la literatura lo que lleva al autor a emitir juicios que hoy (qué fácil) sabemos erróneos.
La fama de los autores clásicos la crean, originalmente, y la mantienen unos pocos apasionados (...) y es gracias a estos pocos apasionados que el renombre del genio literario se mantiene vivo de una generación a otra. Nunca dejan de trabajar. Siempre están redescubriendo el genio.
Wilde no lo era
Personalmente, yo no
veo en ellas ni rastro de auténtico autoayudismo. Ni hoy ni entonces. En primer
lugar (y disculpad el rápido y superficial resumen de estas tres obras), Cómo
vivir..., por ejemplo, se me antoja mucho más una reflexión sobre el papel
de la cultura en una sociedad en la que cada vez eran más los ciudadanos que
tenían un trabajo de oficina de 9 a 5, es decir, gente con medios, tiempo libre,
y acceso a una cultura que antaño sólo estaba al alcance de la aristocracia, que
un catálogo de consejos para aprovechar mejor el tiempo. El tema principal de la
obra, pues, sería en qué medida puede "la cultura", sea lo que sea lo que
entendamos por ella, contribuir a la plena realización del ser humano.
Curiosamente, Bennett parece contradecir en esta obra la premisa principal de
El gusto literario:
No es un crimen no
amar la literatura. No es señal de imbecilidad. Los mandarines de la literatura
ordenan la ejecución inmediata del desgraciado individuo que no comprende, por
ejemplo, la influencia de Wordsworth sobre Tennyson. Pero al hacerlo, pecan de
insolentes. ¿Qué dirían, me pregunto, si se les pidiera que explicaran las
influencias de Chaikovski en la Sinfonía Patética? (Cómo vivir con 24 horas al
día)
Haciendo cola para el teatro.
Londres a principios del s. XX
Por su parte, El gusto literario se aleja de la
corriente de autoayuda en el hecho de que, como se dice en inglés, el autor
predica a los conversos. Estoy bastante convencido de que Bennett, al escribir
este libro, que no es sino una reflexión sobre por qué leemos, pensaba en sus
lectores como amantes de la literatura con un gusto ya bastante... ¿refinado?
¿o, por el contrario, católico?, y era consciente de que sólo algún que otro
despistado buscaría en este libro ayuda para llenar sus estanterías.
Finalmente, La
máquina humana desarrolla algunas ideas apuntadas en Cómo vivir..., y
se revela como una obra profundamente humanista en un tiempo en que el dinero se
había convertido en el centro del universo. Hablamos de 1925, apenas unos años
después de la mayor conflagración que el mundo había conocido, y cuatro antes
del trágico final de aquella época de falsa abundancia.
Los hombres se
interesan por cualquier criatura mortal salvo ellos mismos. Tienen la costumbre
de no sentir el debido aprecio por sí mismos, y esa costumbre es responsable del
noventa por ciento del aburrimiento y la desesperanza que hay en el
planeta.
Pocas cosas me
sorprenderían menos, en la vida social, que la aparición de algún movimiento
anti-lujo, la formación de una liga o asociación entre la clase media (el único
lugar en que abunda el intelecto), cuyos miembros se aliarían para elevarse por
encima de las grandes, tontas, feas, banales y tediosas actividades relacionadas
con el lujo.
Es fácil, al leer a
Bennett, olvidar que leemos obras escritas hace un siglo. La marca del
clásico.
Cómo vivir con veinticuatro horas al día, por Carmen y amig@as
¡Hola, amig@s!
Pues sí, el día de Arnold Bennett ha
llegado. Hoy, 27 de marzo, se conmemora el 82 aniversario de su fallecimiento y
hemos sido varios los bogueros que nos hemos sumado a la iniciativa de Elena
Rius, de Notas para lectores
curiosos, y José C. Vales, de Las luciérnagas no usan pilas, y su
Arnold Bennet
Assembly para recordar en este día su figura.
Arnold Bennet nació en Stradforshire en 1867 y falleció en Londres el 27 de marzo de 1931, como ya os decía. En su época fue una verdadera star, una estrella a la que todo el mundo conocía. Sin embargo, permanece hoy en día en semi abandono. Las críticas que Virginia Woolf y el grupo de Bloomsbury le dirigieron debió contribuir en algo a este olvido. La Arnold Bennett Society, de la que la hija del autor fue presidenta, continúa con su labor de recuperación y difusión de su figura y su obra con actividades varias.
Sea como fuere, Bennett nos ha dejado varias obras de ficción, de no ficción, artículos periodísticos,... Ana de las cinco ciudades, por ejemplo, cuya acción se sitúa, como la mayoría de sus novelas, en los Potteries- zona industrial inglesa- es una de obras que me gustaría leer de él. No son fáciles de encontrar, sin embargo, sus obras ni en castellano ni en inglés (ya sabéis que leo en papel) y no la encontré por aquí, así que me decidí por otro título que sí encontré en editorial Melusina. Se trata de Cómo vivir con veinticuatro horas al día, corto y encantador ensayo publicado en 1925 y que formaba parte de otro de mayor extensión, Cómo vivir.
El pequeño volumen de 170 deliciosas
páginas, consta además de otro pequeño texto, Apuntes sobre el éxito,
y el epílogo a la edición americana de Cómo vivir. En el breve
Apuntes sobre el éxito, partiendo de su escepticismo sobre esa tan
cacareado éxito, analizada de forma sencilla, ligera y divertida los tipos de
éxito y de exitosos.
"Estoy decidido a abordar el tema con una franqueza que puede resultar inquietante. Percibo que es tan peligroso decir la verdad sobre el éxito como decir la verdad sobre los Estados Unidos, pero como ya estoy acostumbrado al silbar de las balas sobre mi cabeza, lo intentaré de todos modos."
Cómo vivir con veinticuatro hora al día
ocupa la mayor parte del libro. Está dividido en doce capítulos y se lee con
sumo agrado y una permanente sonrisa. Con frecuentes apelaciones al
lector los consejos del autor se leen como los de un amigo que quiere
ayudar. Sus recomendaciones siguen vigentes aún en nuestro presente y, a
pesar de la dificultad de mantener y llevar a cabo el programa, pueden
redundar en una mayor satisfacción y felicidad personal. Bennett reconoce
no tener la fórmula secreta, pero de modo ligero, sencillo, tierno, haciendo
gala de un irónico sentido del humor, va desglosando algunas de esas
sugerencias: conocerse a uno mismo, leer, cazar mariposas un
plena calle,... y pensar.
"La segunda sugerencia es que, además de leer, pienses. Conozco personas que no paran de leer y para el bien que les hace más les valdría dedicarse a untar tostadas. Se entregan a la lectura como los hombres resolutivos se dan a la bebida. Pasan a todo gas por las provincias de la literatura, en un movimiento perpetuo que se justifica a sí mismo. Son el tipo de personas que te dicen cuántos libros han leído en un año."
| Marcapáginas 202 |
"Tenemos todo el tiempo que hay",
como él bien dice, y de nuestra mamo está el vivir- no solo existir- y el
convertirnos en "entusiastas aspirantes de la vida". Leyendo a
Arnold Bennet comenzaremos el programa con una sonrisa, que no es
poco.
Ah, y como curiosidad, si vais al hotel Savoy,
no os olvidéis de probar la tortilla que lleva su nombre...
¡Gracias por vuestros comentarios! Nos leemos...
http://carmenyamigos.blogspot.com.es/
Arnold Bennett Bloggers Assembly, por Mis lecturas
El
pasado mes de diciembre desde el blog Notas
para lectores curiosos, nos propusieron hacer una entrada especial sobre
Arnold Bennett, coincidiendo con el aniversario de la muerte del
autor.
Siento
una atracción especial por los autores ingleses y si además escribieron en
épocas que me parecen especialmente interesantes como los siglos XVIII, XIX y
principios del XX no me lo tengo que pensar mucho.
Conseguir
sus libros era muy fácil ya que todos se podían bajar gracias a Galaxia
Guttenberg y ni corta ni perezosa me los bajé todos del tirón para ir
seleccionando mis lecturas.
Empecé
por una novela Denry the Audicious que reseñé en enero y que me
introdujo a este autor. Aquí os dejo la reseña. Me pareció no solo una obra interesante, sino con
muchos mensajes.
Después
decidí leer alguno de sus ensayos para ver como se le daba el género y empecé
por Journalism for women, que tenía muy buenos consejos aunque al
tratarse de un libro escrito en se dirigía a las mujeres de ese tiempo
seguramente con graves deficiencias en su educación. Ahora aunque con bastante
humor se podría haber dirigido simplemente a periodistas novatos.
La
segunda me gustó mucho más Mental efficiency and other hints to men and
women y trató muchos temas interesantes: como la obsesión por la buena
forma física, lo que lleva a las personas a casarse, ..... Unos pensamientos
llenos de humor e ironía en sus comentarios y conclusiones, pero que no dejabas
de tomarte en serio y con los que más de una vez me he sentido
identificada.
En este
punto Bennett contaba ya con todas mis bendiciones, así que decidí seguir
ahondando en su obra que es basante extensa aunque no sabía si cambiar de tercio
y volver a las novelas o seguir con sus ensayos y artículos periodísticos que me
estaban haciendo pasar tan buenos ratos. Al final me decidí por otro del mismo
estilo antes de volver a la novela y me decidí por Books and
persons con el que aprendí bastante sobre sus opiniones sobre los
libros: editores, escritores, sus críticas y una artículo en especial me gustó
bastante.; aquel en el que hablaba de los "compradores de libros", aquellos a
los que nadie conocía. Después pasé a una pequeña "guía" llamada How to
live on 24 hours a day, con la que pasé un buen rato leyendo un montón
de consejos lógicos pero que no siempre seguimos y que nos animan a poner los
pies en el suelo.
Volví a
la novela, pero buscando algo distinto me decidí por The ghost. A modern
fantasy, donde me encontré con una novela en la que el amor, lo
paranormal y los buenos sentimientos tienen a sus protagonistas.
Después
de leer algunos de los libros de este autor he llegado a la conclusión de que
era un escritor comprometido, de los que denuncian todo lo que les parece
injusto. Capaz de tomarse la vida con un cierto humor y transmitirlo a sus
lectores. Un escritor que no solo escribía para contar una historia
entretenida, sino que siempre dejaba múltiples mensajes reflejo de sus
pensamientos.
Lo
mejor sin duda para mí han sido sus artículos de opinión que he leído en las
recopilaciones indicadas más arriba, pero también he disfrutado mucho de las
novelas, y aunque he visto similitudes entre sus obras de ficción con lo que
respecta al carácter de sus protagonistas: hombres jóvenes, ambiciosos y
honestos, con un corazón enorme, y unas protagonistas femeninas que en fondo
necesitan a la figura del hombre como guía y que son leales. Puedo también
decir que cada historia ha sido original y han planteado distintas situaciones
vitales que han hecho que cada lectura sea interesante y única.
Es un
autor que seguiré leyendo y del que creo que aún me queda mucho por
descubrir.
El señor Bennett y el lector ideal, por Regreso a Babilonia
El personaje y el tiempo, dos elementos presentes en la narrativa del autor, son los temas clave de este pequeño ensayo que a mí me gusta leer como si fuera una novela.
- El protagonista
“Usted es justo la clase de hombre que llevo 40 años deseando conocer”. Con esta británica ironía se dirige a mí el Sr. Bennett desde la pagina 35. Antes de comenzar la lectura de un libro, me gusta abrirlo al azar, es una aproximación intuitiva que siempre me ayuda.
Voy sentada en el vagón de RENFE, de vuelta a casa tras la dura jornada laboral. En la oficina el jefe me ha echado la bronca por no llegar a los objetivos de producción, los compañeros van a lo suyo y cuando llegue a casa tendré que negociar con mi marido a quién le toca hacer la cena. Y aquí me encuentro al bueno de Arnold declarando a los cuatro vientos que está encantado de haberme conocido.
“Con toda vehemencia repito que es a tí, justamente a tí a quien me dirijo”, leo en la página 68, y con idéntica vehemencia acepto yo su amistad y me lanzo de cabeza a la letra impresa y entro en su historia como protagonista. Sé que Virginia Woolf, a quien tengo en un altar, se enfadará conmigo. Ella consideraba a mi recién estrenado amigo como un dinosaurio eduardiano, constructor de personajes planos y poco creíbles. Lo siento, querida, sabes que te adoro, pero acabo de convertirme en el personaje protagonista de Cómo vivir con veinticuatro horas al día.
- El autor
El autor existe para deconstruir al lector. Los buenos novelistas son seductores que irrumpen en nuestra vida con el mayor descaro. Sobre todo cuando utilizan la segunda persona del singular. “Te desafió a que me digas, a bote pronto, a qué dedicas las 8 horas restantes “. Al leer esto he estado a punto de cerrar el libro de un manotazo. “¿Vives o vegetas?”- se atreve a preguntar unas páginas más a delante. Mi autoestima no está para experimentos, pero me hace tanta ilusión desempeñar el rol de protagonista que le sigo el juego y continúo la lectura.
- El tiempo:
El tiempo es una colección de cajitas chinas: Una contiene a la otra; así hasta un número determinado de veces
¿Cuántas cajitas habrá en un día?. Borges vería infinitas cajas. Bennett, siempre conciso, nos viene a decir que el número y el tamaño depende de la habilidad de cada uno de nosotros. Lástima, pero en este punto debo interrumpir la lectura. Las señales acústicas indican que el tren de Cercanías llega a mi estación.
Antes de subir a casa compro el pan y pienso en las rutinas domésticas. Abro la puerta con mi propia llave; mi pareja estará trabajando en el estudio y se enfada si le interrumpo. Sin embargo hoy sale a recibirme con la sonrisa puesta. Me da un beso, sugiere que tomemos una cerveza, se ofrece a preparar la cena, me doy cuenta de que tenemos unos días de ocio por delante.
En su mirada, que ha durado tan sólo un instante, acabo de descubrir un día entero, un día mucho más largo que toda mi jornada laboral. Arnold Bennett tenía razón con la metáfora de las cajas chinas: hay otros días, pero están en este.
Las ediciones españolas de Bennett, por "El viajero lento"
Arnold Bennet en la editorial Calpe
No resulta fácil encontrar los libros de Arnold Bennett en los estantes de las bibliotecas españolas. Hasta la publicación de su novela Cuento de viejas en 2011, por la editorial RBA, las traducciones al castellano de Bennett sólo podían encontrarse en librerías de viejo (con internet, estas búsquedas resultan menos aventureras pero mucho más productivas.)
Vayamos hacia atrás: en 2010, la editorial Melusina publicó su ensayo Cómo vivir con 24 horas al día ; en el mismo 2010, Erasmus publicaba la novela Gran Hotel Babilon; saltamos a 1977 para encontrar la edición de Argos de la trilogía Los Clayhanger (Los Clayhanger, Hilda Lessways y Estos dos); y nada más antes de 1977… hasta llegar a los felices años 20.
Son varios los libros de Arnold Bennett publicados en aquella década. En 1924, en la Colección Babel, aparecía la novela El gran hotel Babilonia “en versión española de A. Ruste”: no he tenido acceso a ningún ejemplar de esta edición. De 1921 es la edición de la editorial Variorum de la novela Amor sagrado y profano. La editorial Mentora publicaba en 1928 la primera edición en castellano deHow to live on 24 hours a day, con el título Cómo aprovechar mejor la vida (título que, a falta de evocación poética, no resulta inferior al original en su claridad descriptiva, dicho sea de paso.)
Pero el mayor éxito en el mercado editorial español llegaba con la publicación de sus cuentos en la colección Los humoristas, de la editorial Calpe.
La vida de la editorial Calpe es larga y corta, según se mire: creada en 1918, se unía a la editorial Espasa (editora de la famosa enciclopedia) en 1925; aparecía así la nueva Espasa-Calpe, una de las grandes editoriales españolas.
En esos ocho años de funcionamiento en solitario Calpe publicó varias colecciones, con notable éxito comercial. Una de las más importantes fue la colección Los humoristas, que empezó a imprimirse en enero de 1921 en dos grandes imprentas de la época: Gráficas Reunidas y Jiménez Molina. Así se presentaba la colección en el catálogo de 1923 (el único catálogo que llegó a publicar la editorial):
“En las largas horas de tedio o de melancolía; en la fatigosa aridez de los viajes; cuando un esfuerzo o un dolor haya abrumado o acongojado su espíritu, busque usted la amistad, ingrávida y amable, del libro del humorista. La lectura ilumina el sentimiento con la sonrisa que, sin llegar apenas a los labios, da a la vida un sentido más claro y más dulce.”
Eran otros tiempos, sin duda.
En la colección Los humoristas se publicaron tres libros de Bennett: Enterrado en vida; El matador de cinco villas; y La viuda del balcón.
Enterrado en vida es la traducción (a cargo de Vicente Vera) de la novela Buried alive: a tale of these days.
El matador de cinco villas y La viuda del balcón son dos colecciones de relatos que en su versión original se publicaron en un solo volumen, con el título The Matador of the Five Towns, and other stories. De la ilustración de las portadas en esta edición española se encargó Ángel Vivanco; la traducción es obra de Cipriano Rivas Cherif.
(Unas breves palabras acerca del traductor: Rivas Cherif fue traductor, dramaturgo, director de escena y, aunque esto no forma parte de su desempeño profesional, cuñado de Azaña. A esta circunstancia de parentesco se debe el célebre episodio de los cuadernos robados: durante el tiempo que ocupó la Presidencia de la República, Manuel Azaña llevó un diario que escribía con meticulosidad, cada día, en unos modestos cuadernos de tapas negras. Completó nueve de estos cuadernos. Pues bien: tras el estallido de la Guerra, Azaña entregó este diario a Rivas Cherif, cónsul en Ginebra, como medida precautoria para asegurar su conservación. Un diplomático del Consulado robó tres de estos cuadernos y los entregó al bando franquista, y perdidos quedaron hasta su recuperación en los años 80. La editorial Crítica los ha publicado, con edición y prólogo de Santos Juliá.
Rivas murió en el exilio, en Méjico, en 1967.)
Para los muy curiosos, interesados en cotejar el original y la traducción, dejó aquí el comienzo de uno de los cuentos en los dos idiomas.
"THE WIDOW OF THE BALCONY
I
They stood at the window of her boudoir in the new house which Stephen Cheswardine had recently bought at Sneyd. The stars were pursuing their orbits overhead in a clear dark velvet sky, except to the north, where the industrial fires and smoke of the Five Towns had completely put them out. But even these distant signs of rude labour had a romantic aspect, and did not impair the general romance of the scene".
Y una imagen del mismo párrafo en la edición de Calpe:
Hallábanse. Esteban. Novelería.
Bueno.
En cuanto a la inclusión de Bennett en una colección llamada Los humoristas, podría pensarse que los editores españoles no apreciaban en su justa medida el valor literario de nuestro autor. Nada de eso. Se trataba de la colección de mayor venta de todas las de la editorial, y en ella se publicaban los títulos del mismísimo Anton Chejov.
Hoy podemos asegurar que Arnold Bennett no ha tenido en España la fortuna editorial de otros novelistas eduardianos, muy populares en nuestro país: E.M. Forster, Conrad, H.G. Wells. Pero si alguien le hubiese preguntado al señor Arnold en 1931, el año en que falleció, sobre sus ediciones en castellano, a buen seguro que se habría mostrado satisfecho de la cuidada representación de sus obras en las librerías españolas.
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