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La Arnold Bennett Bloggers Assembly y el Gran Hotel Babilonia, por De libro en libro...


Cuando vi la propuesta que Elena Rius nos hacía: un encuentro bloguero en torno a la figura de Arnold Benett, decidí apuntarme. No sé muy bien que fue lo que me impulsó a ello, más aún si tenemos en cuenta que antes de ese momento ni tan siquiera conocía al autor;  o puede que fuera precisamente eso.
 
  Al desconocimiento sobre el autor que pude paliar en parte gracias a la  página de la ABBA e internet, tuve que sumar la dificultad para encontrar alguna obra suya disponible (No tengo –de momento- lector electrónico de libros) En aquellos casos que alguna biblioteca asturiana tenía  obras suyas, resultaba que no eran prestables…

  Al final conseguí dos  de sus novelas en la librería Anticuaria (de la que os hablaré en breve)   Se trata de El Gran hotel Babilonia  -en la edición de 1924,de la editorial Rivadeneyra –y Los Clayhanger, en una edición más moderna , de 1946

   Tanto  El gran hotel Babilonia, escrito  en 1902, como una de las últimas,  Imperial Palace, de 1930, están inspiradas en el hotel Savoy del que fue asiduo visitante –en la carta del restaurante de dicho hotel hay una tortilla que lleva su nombre –Pero centrémonos en la novela.


 Hotel Savoy de Londres, en el que se  inspiró  Bennett
   Se trata de una novela de intriga en la que se mezcla la desaparición de un cadaver con la falta de noticias del príncipe de Posen al que se espera en el hotel o las sospechosas actividades del camarero jefe y algunos otros empleados.  En el otro bando, digámoslo así, un millonario que en un impulso comprará el hotel (y con ello desencadenará los hechos), su hija y el  príncipe Aribert,  familiar y súbdito  del anterior .

 
   En cierto sentido me recordó algunos de los relatos de Sherlock Holmes (Conan Doyle y Bennett eran coetáneos), concretamente en Escándalo en Bohemia. El príncipe de un pequeño reino centroeuropeo que va a casarse pero necesita dejar atrás su pasado “tumultuoso”  También la  búsqueda nocturna en el rio,  evoca alguna otra persecución similar de nuestro querido Sherlock –sin ir más lejos en El signo de los cuatro

  Por otro lado  la figura del millonario americano y su consentida hija, frente a la aristocracia europa;   el ambiente de refinamiento y lujo  que  refleja,  me hacen pensar en P.G, Woodehouse,también contemporaneo de Bennett. Incide en ello que también esta obra tiene ciertos toques de humor. Incluso me vinieron  a la mente las primeras escenas de Rebeca,  cuando se encuentran en el hotel de Montecarlo.

    A medida que avanzaba en la lectura hubo otra novela de la que no podía olvidarme: El canibal que comió demasiado, de Hugh Pentecost. En ella, la acción transcurre si no totalmente, si en gran parte, en un hotel de lujo.  También en la de Bennett  la mayoría de los hechos ocurren en el hotel o en las proximidades del mismo.  

Al principio de la novela, mientras negocian la compra, el señor Babilonia dueño del hotel le dice a Racksole (el millonario):

  ¿No comprende usted que el mismo tejado que cobija habitualmente toda la fuerza, toda la autoridad del mundo, tiene, forzosamente, que cobijar también numerosos e innominados conspiradores, intrigantes, malhechores y perversos?   

  Una de las cosas que más interesante me resultó es como a través de las páginas de la novela y entremézclándolo con la trama nos va enseñando como funciona un gran hotel. De alguna forma, podríamos decir que el hotel Babilonia es un protagonista más. 


 En los artículos que he consultado, se considera a esta novela como una de sus obras menores, pensadas fundamentalmente para entretener. No solo ha cumplido su objetivo  sino que además me ha dejado con las ganas de conocer mas obras del autor; de momento, tengo uan cita con  Los Clayhanger aunque despues de leer este artículo tengo en mi punto de mira Cuento de viejas

  Antes de terminar, quiero incluir una cita que me llamó poderosamente la atención y me hizo pensar que por mucho que nos empeñemos, el mundo no ha cambiado tanto:

 (...) Estos hombres ricos no tienen secretos entre ellos. Forman un corrillo, más unido que cualquiera de lso que tú puedas formar, y más poderoso. Hablan y, hablando, rigen el mundo estos  millonarios. Son los verdaderos monarcas. 

En el rincón musical la entradilla de una serie de los años 80 que transcurría precisamente en un HOTEL
 
http://delibroenlibro-lamemmour.blogspot.com.es/

Arnold Bennett y la Gran Guerra

Caricatura de Arnold Bennett, por Oliver Holmes.
Su productividad era legendaria
Una pincelada más sobre el polifacético Bennett, como preludio a nuestro Encuentro Bloguero. Ya sabemos que Bennett era hombre de muchos y variados intereses. Autor de éxito, se convirtió en uno de los intelectuales destacados de su tiempo. Al inicio de las hostilidades en 1914, el Ministerio de Guerra británico convocó a un grupo de ellos a una reunión destinada a apoyar el esfuerzo bélico mediante la propaganda. A ella asistieron, además del propio Bennett, autores como Arthur Conan Doyle, Ford Madox Ford, Chesterton, Thomas Hardy o Rudyard Kipling. Al contrario de otros escritores, que mirarían este tipo de actividades "patrióticas" con desconfianza, Bennett se convirtió en uno de los adalides de la propaganda de guerra británica. En 1915, fue invitado junto con algunos otros a hacer un recorrido por el frente francés. Parece que lo que vio allí le dejó anonadado y físicamente enfermo. Sin embargo, accedió a escribir un panfleto que debía animar a los hombres a alistarse. Surgió así Over There: War Scenes on the Western Front, un reportaje claramente edulcorado de lo que sucedía en las trincheras. Los soldados que en él aparecen son sin excepción valerosos y las trincheras (que Bennett recorre en varias ocasiones, es de suponer que serían tramos seleccionados) aparecen limpias y casi higiénicas. El ojo del novelista, sin embargo, no descansa, y así durante una visita a una población destruida por la artillería enemiga nos regala observaciones como estas:

"Vemos un osito de peluche abandonado sobre lo que queda de un tramo de escaleras, un cabezal de cama enterrado casi hasta arriba en las ruinas, esqueletos de pájaros en una jaula que cuelga de una viga. El lugar entero está en la zona de fuego y ha sido bombardeado de forma tremenda."

También anota otros detalles, a veces sorprendentes:

"Una o dos veces, burdamente pintada sobre un trozo de madera, vimos la señal : "Vers le Front". No puedo imaginar por qué debería ser necesaria una señal para llegar a tal destino. Pero quizás se trataba de un rasgo de humor. Al fin divisamos Arras en la distancia..."

Aunque cuando llegan a Arras, el panorama es desolador:

"Cortinas mugrientas ondean a través de ventanas rotas. En todos lados se advierte la destrucción provocada por las bombas. La calzada y las aceras están sembradas de restos domésticos. Entre ellos crece la hierba."

Por más que, consciente de su misión, Bennett se esfuerza por subrayar la crueldad sin límites de los mandos alemanes ("Alrededor de aquellos cañones se encontraban hombres educados que habían pasado años -en realidad, casi toda su vida- dedicados al estudio científico de la destrucción. Bajo su mando, esclavos que habían dejado de ser, sólo para con propósitos de destrucción, los ciudadanos libres que un día fueron"), su conclusión no puede ser otra que la que evoca cualquier guerra: cuánta destrucción inútil, cuántas vidas segadas para nada. Sin duda se trata de un panfleto, pero con la debida distancia histórica, muy recomendable para apasionados de estos temas. 

Bennett y H.G. Wells se enfrentan en las trincheras,
según una viñeta publicada por Punch en 1917